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Cuenta atrás para la implantación de la RAP en el flujo textil en España

La implantación de la RAP en España será una gran oportunidad para cambiar el modelo actual basándonos en una Economía Circular.

Uno de los principales axiomas de las directrices europeas medioambientales es “Quien contamina paga”, en la práctica esto se sustenta en una correcta implantación de la RAP (Responsabilidad Ampliada del Productor) que en otros flujos de residuos ya existe con un largo recorrido en su implantación como puede ser en envases, vidrio, neumáticos, medicamentos…pero aún no ha sido implantada en el flujo textil.

En el caso concreto de España más de 900.000 tn acaban anualmente en vertedero de residuo textil. Este es el residuo que se generan en hogares, sin tener en cuenta la aportación de restauración o industrial, con una recogida inferior al 10%. No existe además una unificación en sistemas de recogida que abarate costes y disminuya huella de carbono, es más, ni el color del contenedor con el que pueda asociar el ciudadano la recogida está definido, variando entre múltiples opciones.

El flujo textil se ha sustentado en una economía totalmente lineal de usar y tirar sin ningún tipo de sensibilidad medioambiental y acabando finalmente las entidades locales haciéndose cargo de su coste y tratamiento que mayoritariamente ha sido depósito/vertedero. Es así que en los últimos años, y debido principalmente a la fast fashion, ha sido el segundo flujo en peso en generación, solo por detrás del biorresiduo.

Quiero resaltar que solo estoy abordando el problema final y que el enfoque debería ser global en su ciclo de vida, producción, ecodiseño e impacto, no está de más comentar que en su producción es la segunda actividad más contaminante a nivel mundial, creando un efecto de depresión social y deterioro medioambiental en terceros países menos desarrollados, sin entrar en la negligencia de vida.

Está claro que el modelo actual deber cambiar radicalmente ya que no es sostenible. Hay que asegurar procesos respetuosos con el medioambiente, con un análisis completo de la cadena de valor, un estudio pormenorizado del ciclo de vida y un aseguramiento de la trazabilidad y la normalización de los procesos. Así mismo, hay que apostar firmemente por el desarrollo de la innovación, implementando nuevas tecnologías y separaciones físicas por calidades o separaciones químicas que se complementen entre sí y como consecuencia de ello elaborar unas especificaciones técnicas de materiales recuperados para el flujo textil.

Todo este cambio de modelo requerirá finalmente una auditoría contrastada de todos los agentes implicados para valorar, en un modelo de mejora continua, los logros conseguidos y poder llegar a los futuros objetivos que nos marcará Europa.

La palanca de cambio de este sistema es sin duda alguna la implantación de la RAP en el flujo textil. Ya disponemos, afortunadamente, de un anteproyecto de Ley de residuos y suelos contaminados (APL), consecuencia de la obligación de la transposición de dos directivas europeas:

Se estima que en septiembre de 2021 estarán traspuestas y serán de obligado cumplimiento.

Dichas directivas ya nos indican la obligación de la implantación de la RAP en un periodo de tres años desde la publicación de la ley, y una contenerización obligatoria textil antes del 31 de diciembre de 2024 con unos objetivos puestos en la preparación para la reutilización y el reciclaje.

Ahora con este marco normativo es tiempo de no esconder los residuos bajo la alfombra sino de impulsar, dinamizar y aglutinar a todos los agentes implicados en la cadena de valor: textil, gestores, productores, administración, recicladores, tecnología…entorno a la figura que pueda realizar dicha palanca de cambio: la RAP. Debemos aprovechar los 22 años que llevamos de implantación de la RAP en otros flujos, tomando las decisiones acertadas y mejorando en las que no han sido tan acertadas.

Estoy seguro de que el cambio es posible, usando toda nuestra experiencia en gestión de residuos y apoyándonos en la cultura de nuestro país y en el bien hacer en la producción de textil sobre todo en el área mediterránea. Con estas premisas revertiremos esta situación, aprovechándola para implantarnos a nivel europeo como punta de la lanza en la gestión del residuo textil y como consecuencia en una producción sostenible, trazable, transparente y normalizada.

La RAP no debe ser una obligación normativa sino una gran oportunidad de cambiar el modelo actual basándonos en una economía circular que sea viable en términos medioambientales, económicos y sociales.